Encontré a Sofía en la segunda salita a la izquierda. Bastó asomarme para sentir su presencia. Su olor mezclado con olor a ayuno, a medicinas, al olor rancio y violento del sufrimiento. Luego vi el pelo castaño en la almohada, la cara vuelta a la pared. Me acerqué; su cuerpo, sacudido por temblores eléctricos, parecía más delgado. Mi cabeza flotaba, andaba de excursión permanente y se le antojó por capricho, por creatividad, por ejercicio de síntesis, unir imágenes. La imagen de Sofía y la de mamá -la noche del polaquito-, llegaban superpuestas a imágenes anteriores en las que mamá jugaba a un delicado juego de equilibrios con la muerte. Y ese entrecruzarse del tiempo encajó en el tejido del presente y lo rompió. Lo quebró y todo estalló en una claridad ardorosa y dulce; todo era claro. Los círculos convergían y estábamos, Sofía y yo, en el centro de la vida; no había nada más. Apoyé los labios en la frente de mi hermana. Ella dijo mi nombre y se quedó quieta, sin volverse, dejando que mi dedo, como cuando éramos chicos, le rozara la mejilla de ida y vuelta. Con unos golpecitos de la mano me indicó que me sentara en el colchón. Aparté el suero; me senté y le tomé la mano. Entonces se volvió. Sus ojos brillaban afiebrados en el centro de profundas cuencas. -Esperaba que vinieras -dijo. -Tan fácil no te librás de mí. ¿Querés agua? Negó con la cabeza y se incorporó con expresión inquieta. Miró la puerta. -No van a venir -dije con calma-. Tenemos un rato largo. Preguntó por Libertad con tono ausente y yo empecé a responderle sabiendo que ella sabía. Que mis hermanos le habrían puesto, con seguridad, un casette sobre lo tranquila, para nada afectada, contenta, que se la veía a Libertad en casa de Pablo. Empecé a responderle y me interrumpí en la mitad de una frase. Le dije que Escalante le mandaba saludos. Abrió grandes los ojos y una media sonrisa le tembló convulsivamente en la cara. -¿Está bien? ¿Está bien Nano? -aferró con fuerza mi mano y me clavó una mirada abrasada por la incertidumbre. -Pero sí. Está bien -me reí-. Está bien, en serio. sexo gay , gordas, zoofilia , gordas mujeres desnudas , travestis , Su cuerpo tuvo un colapso instantáneo de alivio; luego se tensó y vibró en una carcajada salvaje. Le tapé la boca y crucé, como afiche de enfermera, un dedo sobre los labios. Miró otra vez la puerta y el miedo le brotó como un chorro oscuro por la piel. -Tranquila, no pasa nada. Tranquila. Se tapó la boca con la sábana para reprimir un ataque convulso de risa culposa. -Contáme -dijo luego en un susurro agitado, sacudiendo los dedos para darme algoritmo prisa-. Contáme. -Nano -empecé- está en lo de Costa. Tuve que convencerlo de que no viniera... por la familia, ya sabés. El primer día fue un quilombo videos porno sms travestis , lolitas , interracial, infernal. Calculá que cuando a vos te dio la... cuando te descompensaste, el loco ¿no?, el loco...