...¿sabés?, está completamente sacado. Pascual habla como pidiendo
disculpas; atrás los otros; un corro borroso cerca de la puerta mal
cerrada, por donde acaba de colarse una ráfaga de frío; el viejo la cierra
justo en el momento en que yo me bajo la máscara de soldar y tanteo dónde,
dónde carajo tengo el grupo electrógeno. Está de última, Eddy. No deja
entrar a nadie, dice Pascual con voz urgente y yo que me doy vuelta, me
descubro los ojos y grito ¿Y a mí qué? empujándolo a él, a Pascual, que
trastabilla y una vez finalizado el braceo en el aire duda entre irse o
agarrarme a trompadas. A mí qué, repito con una violencia que me nace de la
vejiga, del coxis, y Pascual, habiéndose decidido por una tercera opción
vuelve a acercarse, me pasa una mano por los hombros y dice que no puedo
culpar a Escalante, que no sea chiquilín, dice y yo me doy vuelta y miro a
los otros. A Costa, a Caetano, a Joaquim, a los legales que saben que algo
pasa (pero siempre pasa algo de este lado de la barricada). Los miro y la
mirada que me devuelven los míos pregunta de qué lado estoy, qué hay de la
solidaria atadura que nos ata. Aparto a Pascual con el brazo y me saco el
delantal de plomo. Me quito la máscara y unos minutos después atravieso la
puerta y salgo a la noche.
...imaginate la complicación. Los vecinos golpeaban las paredes, pero como
algunos lo conocen a Nano, ¿no?, llamaron al taller.
-Esperá, esperá -dice Sofía, agarrándome la mano fuerte, imperativamente-.
Tengo miedo de que entre alguien y... Eddy, decíle que está todo bien. Que
mañana salgo de aquí. Sí, apenas pueda levantarme salgo de aquí; que me
espere en lo de Costa. Ahora seguí, contáme. Vos fuiste, ¿no, Eddy? -trató
de reírse y una mueca le torció la boca-. Yo sabía que ibas a ir, que en
cuanto te avisaran largabas todo y... ¿mucho desastre había?
Acerco la oreja a la puerta para saber si Escalante está adentro. Me llegan
golpes rítmicos, alternados con silencio. Ahora sé que está. Bajo las
escaleras y salgo a la oscuridad. Elijo la cabina de enfrente, la que está
justo frente a la ventana del living, la que usamos, Nano y yo, durante
años. Quiero que, si está agazapado como un tigre, como un reptil, como una
araña, acechando la noche, me vea.
-Estación de policía -responde la voz femenina. Y yo informo.
La excitación y la fiebre le produjeron vómitos. El cuerpo colgante de
Sofía se revolvió como un pez en el
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sexo gay, gays aire. Luego le sobrevino una pequeña
convulsión. Le puse trapos fríos en la frente, como solía hacer con mamá y
le dije, por si podía escucharme, que qué bien la idea de irse con Nano a
España. Le dije que me gustaría contarle lo bien que la habíamos pasado él britney spears ,
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y yo en España. Suecia no da para más, dije y empecé a contarle cómo era
estar con Escalante en Málaga, en Sevilla, lo cálido y reberverante que era
el día y cómo rebotaban los rayos de sol sobre las olas, en Andalucía. Cómo gordas
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el viento enroscaba la arena de la playa y Escalante y yo sentíamos la vida
cosquillear en la planta de los pies y subir en ondas hasta la garganta;
qué fácil era reír entonces, Sofía, con la brisa del mar en la nuca y
mirando la cara tostada de Escalante, los ojos claros de Escalante resbalar
por la fragilidad del aire y perderse en el cielo absoluto, sin límites.
=== Las cosas en orden ====================================================
La enfermera de turno, Ann-Britt, es una tipa piola. Debe tener unos
cincuenta años y hace por lo menos veinte que trabaja en hospitales
geriátricos. Tan distinta de la pendeja que está a cargo de la guardia
siguiente, una flaca alta, acneica, que siempre te responde como si la
estuvieras distrayendo de una idea genial. Ann-Britt está de guardia y eso
es una suerte en días como hoy, en que me siento Tarzán hablando en sueco.
La enfermera de la noche lee el parte de la guardia que acaba de terminar.
Yo bostezo interminablemente. Tomo nota, un poco en castellano, otro poco
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en sueco, de lo más importante: qué pacientes tienen kinesiólogo,
peluquero, a quiénes hay que duchar, a qué horas.
Es uno de esos días fatales, cuando entro a las siete de la mañana y he
trabajado de tarde el día anterior. Esas noches las duermo con un ojo
abierto y sueño con el hospital o sueño en sueco.